Sobrevivir a la bicicleta de los pagos

Desde fines de 2013, los plazos de pago se extienden a 60, 90 y 180 días. Mientras tanto, la inflación licúa los ingresos de las firmas del sector. Cómo sostenerse en la cuerda floja.

por Por María Gabriela Ensinck

Una de las primeras medidas anunciadas por la flamante presidenta chilena Michelle Bachelet fue una reforma impositiva que obligará a las grandes firmas a hacerse cargo del IVA de sus proveedores cuando les pagan con retraso. En la Argentina, donde la costumbre de pagar ‘en diferido’ está tan arraigada como en el país vecino, las pymes miran con entusiasmo a sus pares del otro lado de la Cordillera. 
En lo que va de 2014, los plazos de cobro se han duplicado para casi todos los sectores, lo que, sumado a la inflación, hace peligrar la continuidad de las empresas. “Las prepagas nos dan cheques a 90 y 150 días, y no actualizan los aranceles desde hace 10 años. Aumentan la cuota a sus afiliados en un 30% y a nosotros nos trasladan 4%”, dice Guillermo Rossi, titular de la Cámara Argentina de Laboratorios de Análisis Bioquímicos, que agrupa a unos 500 laboratorios en todo el país, que emplean a más de 5.000 personas.
El sector atravesó una situación crítica a fines del año pasado, cuando, por problemas para importar equipos de diagnóstico e insumos, varios laboratorios debieron suspender su actividad. Hoy, el ingreso de equipos está regularizado, pero los laboratorios enfrentan dificultades de reposición y financiamiento debido al atraso en los pagos de sus principales clientes.
“Cuanto más grandes y conocidas son las prepagas, más difícil es cobrarles. Nunca se sientan a negociar y, cuando reclamamos, nos atiende un administrativo. En la época de los aguinaldos, tenemos que salir a quemar cheques. Hoy, nos estamos financiando con el Pami y las Obras Sociales, que pagan mejor y en plazos más cortos”, afirma Rossi.
Sin llegar a la gravedad de un sector esencial, como es el de la Salud, por el lado de la Organización de Eventos, la realidad es desalentadora. Casi entrado el quinto mes de 2014, “hay grandes empresas que todavía no nos pagaron la fiesta de fin de año de 2013”, revela Fernando Cánepa, director Ejecutivo de Enfasis Motivation Company.
“Algunas tienen una gran burocracia interna: para definir la fecha de pago, hay que llamar un día a la semana, de 9 a 11, y hablar con una persona en especial. Si ella no está, te van estirando la respuesta hasta que llega la semana que viene; y, muchas veces, cuando finalmente cobramos, es mediante un cheque posdatado con fecha en un feriado, por caso”, relata Cánepa. “¿Cómo nos financiamos? Tenemos crédito en algunos bancos y, lamentablemente, en algunos casos no hay más remedio que ir dilatando a los proveedores”, agrega.

Los cheques voladores

“En los últimos seis meses, pasamos de 50 a 70 días como plazo de cobro”, dice Blas Briceño, titular de Finnegans, compañía que desarrolla software de gestión que, en 2013, facturó u$s 4 millones. “Los plazos de pago de los clientes se van extendiendo cada semana, y en algunos sectores, como constructoras y empresas de servicios, ya se siente la morosidad”, destaca.
“Lo que cobrábamos a 15 días, ahora son 30, 45 o 60. En lo que va del año, nos vinieron cinco cheques rechazados de nuestro mejor cliente”, confiesa Gabriela Mianti, socia de la tienda de diseño Chimi Churri Hogar. “Trasladamos una parte del problema a los proveedores. Para esto, es importante desarrollar un vínculo de confianza con ellos y siempre pagarles, aunque sea una parte”, destaca. “Otra estrategia es negociar con Clubes de Compras que, si nos pagan a un plazo menor, les ofrecemos un descuento”.
“Todo cambió desde que subió el dólar”, dice Selene Lozano, gerente de Aliara, firma especializada en seguridad perimetral. “La mayoría de los clientes está pagando a 30 o 60 días. Si conseguís un pago a 30, cuando vas depositar el cheque, resulta que tiene fecha para dentro de 30 días más. A nosotros nos venden solo con pago contra entrega”, se lamenta. “Muchos de los insumos son importados y los proveedores aprovecharon para aumentar más de lo que subió el dólar. Lo que hicimos fue dejar de stockearnos, negociar descuentos por pronto pago, y fabricar nuestros propios insumos. Hay que hacer una inversión inicial, pero así dejamos de depender de los proveedores y las importaciones, y a la larga reduciremos costos”, enfatiza.

Tira y afloje

El alargamiento de los pagos en un extremo de la cadena se combina, en muchos casos, con un acortamiento del cobro en el otro extremo, o la exigencia de pago en efectivo y contra entrega. Todo depende del tamaño y poder de mercado de quien esté en cada lado de la cincha. “Estamos cobrando de 90 a 120 o 150 días, mientras nuestros proveedores nos piden cheques al día y adelantos”, relata Osvaldo Hoorn, de la comisión directiva de la Asociación Pyme y titular de GAP SH, una metalúrgica con 14 empleados en Avellaneda. “Nos vemos obligados a vender los cheques, e incluso endeudarnos con obras sociales, sindicados y con la AFIP, que nos persigue sin respiro”, confiesa Hoorn. “La actividad está cayendo y estamos analizando disminuir las jornadas de trabajo”, advierte.
Con esta visión coincide Juan de Biasi, dirigente de Asociación Pyme y titular de Coinpo, una fábrica de construcciones metálicas con 26 empleados. “Los que nos pagaban a 30 días el año pasado, ahora nos pagan a 60, con cheques no a la orden, obligándonos a depositarlos, y quitándonos la posibilidad de usarlos para el pago a proveedores”, detalla. “Pero los más perjudicados son nuestros proveedores más pequeños, que se ajustan tanto o más que nosotros por el diferimiento de pagos. A veces, nos vemos forzados a endeudarnos con el IVA, Ganancias, aportes de los socios de la empresa o impuestos municipales, porque tomar algún crédito con las tasas actuales significa ir a la quiebra”, apunta.
Las pymes elaboradoras de alimentos, como pastas secas, también son víctimas del ‘estiramiento de los pagos’. “Las cadenas de supermercados aprovechan su posición dominante para imponer plazos cada vez más largos, nunca inferiores a los 20 días, y márgenes más exiguos”, dice Juan Airoldes, vocero de la Unión de Industriales Fideeros (Uifra).
Desde el año pasado, los productores pequeños y medianos, que no tienen su propio molino, deben absorber la suba del trigo, su principal insumo. Y a esto se suma, este año, el aumento del precio del plástico para el packaging.
En la industria del biodiesel, al diferimiento de los pagos se agrega el inconveniente de desconocer el precio a cobrar. Alrededor de 20 pymes del sector están en este limbo desde el año pasado, cuando se estableció que un comité gubernamental ad hoc fijaría el precio del biocombustible. “El último precio que tenemos es el de febrero y no sabemos cuándo vamos a cobrar, con suerte, en 40 días”, dice José Luis Martínez Justo, presidente de la Cámara Pyme de Empresas Regionales Elaboradoras de Biocombustibles (Cepreb).
La principal petrolera del país, que solía pagar a 30 días, lo está haciendo a 40. “Y lo peor es que nosotros tenemos que pagar el aceite, nuestro principal insumo, al contado y a precio dolarizado”, se lamenta.

Cheque en bolsa

Una de las alternativas para convertir los cheques diferidos en efectivo es negociar estos papeles en la Bolsa, bajo dos modalidades: el sistema patrocinado, o el avalado. En el primer caso, una empresa es autorizada por la Bolsa de Comercio de Buenos Aires (BCBA) para emitir cheques de pago diferido negociables en el mercado de capitales. En el segundo caso, las pymes o personas físicas pueden negociar cheques propios o de terceros (clientes), a través de una sociedad de garantía recíproca (SGR) que garantiza su pago mediante un aval.
La negociación de cheques diferidos, sobre todo los avalados, suele ser el primer paso para que las pymes comiencen a financiarse en el mercado de capitales, a tasas mucho menores que las del mercado informal. “Este instrumento viene creciendo”, destaca Carlos Lerner, jefe del departamento Pymes de la BCBA. “En el primer trimestre de 2014, se negociaron $ 825.000, contra los $ 482.000 negociados en el primer trimestre de 2013”, apunta.
Asimismo, “hubo un incremento en el volumen operado de 180 a 360 días, siendo los de mayor plazo, los que concentran el 60% de la operatoria”, destaca Lerner. Se trata de una alternativa interesante para las pymes, ya que los bancos no exceden los 90 a 120 días.
Recientemente, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires lanzó un programa de financiación para Incubadoras y empresas incubadas. “En los últimos 10 años, más de 12.500 pymes consiguieron u$s 3.600 millones en la Bolsa”, destaca Lerner. Una vez que ingresan a la Bolsa, negociando cheques de pago diferido, pueden implementar otras opciones como la emisión de Obligaciones Negociables.
Cheque va, llamado viene, lo cierto es que el ‘pedaleo’ de los pagos se ha convertido en un deporte de resistencia e insistencia para las pymes.

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