El caso Martino y la “maldición” de salir segundo: qué pasa cuando un equipo de alto desempeño no cumple los objetivos

Si un grupo sobrepoblado de figuras genera grandes expectativas pero no puede entregar los resultados que la empresa espera, la cabeza de los líderes es la primera en rodar. ¿Cómo mantener la mística en un plantel golpeado?

La renuncia del futbolista Lionel Messi a la selección argentina opacó durante días cualquier otra noticia deportiva. La atención estuvo puesta en el delantero del FC Barcelona, al punto que el triunfo por penales del equipo chileno en la Copa América pasó casi desapercibido a nivel mundial.

En la Argentina, en tanto, el episodio conocido como “Mexit” amargó aún más el panorama para los hinchas, que tuvieron que “conformarse” con un subcampeonato continental.

Así fue que a la par del #NotevayasLio, en las redes sociales se pidió por la cabeza del DT de la selección, Gerardo “Tata” Martino, a través del hastag #AndateMartino.

Muchos responsabilizaron al ex Newell’s por este regreso a casa de la selección sin la Copa. Sucede que, al igual que en las empresas, cuando un equipo falla en entregar los resultados esperados, la cabeza del director o de la conducción es la primera en rodar, aunque no siempre es su culpa.

“El rol del líder es tan clave como necesario. Su observación, escucha, adaptabilidad, inteligencia emocional y social, su visión deberían potenciar al equipo, integrando las fortalezas y desarrollando habilidades para lograr ese propósito pero también para afrontar cualquier resultado posible. Se torna más difícil cuando las emociones, el tiempo, el contexto, las exigencias, las presiones, los egos, las opiniones entran en la escena”, reflexionó al respecto Alejandra Clavel, fundadora de la consultora Quarta Dimension Gestionando Talento.

“En esta línea, tiene cierta lógica depositar la responsabilidad en el líder, pretender que sea resiliente ante las adversidades, que pueda manejar su inteligencia emocional, social y que se automotive. Pero tiene la misma lógica resaltar que la unión hace la fuerza”, continuó, repartiendo las responsabilidades de mantener el equipo a flote a un plano más amplio.
Más allá de este análisis, los detractores del “Tata” se dieron el gusto este martes, cuando el ahora ex DT anunció su renuncia aduciendo que los dueños de los equipos de fútbol locales se negaban a prestar a sus jugadores para disputar los Juegos Olímpicos que se celebrarán el próximo mes de agosto en Río de Janeiro.

La AFA dio a conocer la noticia a través de un escueto y frio comunicado: “Debido a la indefinición en la designación de nuevas autoridades de la Asociación del Fútbol Argentino y de los graves inconvenientes para conseguir conformar el plantel que represente al país en los próximos Juegos Olímpicos, el cuerpo técnico de la Selección ha decidido presentar su renuncia en el día de la fecha”.

Pese a esta explicación y al conflicto que mantiene la Asociación de Fútbol Argentino con la FIFA, solo Martino sabe el peso que habrá tenido en su decisión que el subcampeonato obtenido en la Copa América sea vivido en la Argentina como un fracaso.

Tras haber perdido la final en Estados Unidos, él mismo expresó su decepción en diálogo con los medios: “Lo único que cuenta es el resultado final, y el resultado dice que Chile es quien ganó por penales. No hay demasiado análisis. La ilusión de ganar era muy grande y nos vamos sin nada”.

Precisamente la desilusión es el concepto que termina de definir esta situación que también suele darse en las empresas ante la disparidad entre el potencial y los resultados. “Satisfacción es igual a realidad menos expectativa”, calculó Marcelo Gordín, director de la consultora Énfasis Motivation Company.

Es decir, los equipos de alto desempeño pueden generar tantas expectativas en su entorno, que al no cumplir con las difíciles metas que se proponen, incluso si logran resultados positivos, generan insatisfacción.

A la hora de buscar las causas, María Mercedes Pastor, directora de la Carrera de Recursos Humanos de la Universidad Católica Argentina (UCA) considera que se puede decir mucho sobre los motivos por los cuales -más allá de las muy buenas intenciones de quien conduce-, un equipo de alto desempeño “no alcanza los objetivos esperados, no produce lo suficiente, no vende lo estimado, no asciende a Primera, no gana un partido, pierde una Copa”; pero se descarta en el análisis diagnóstico, que no puedan o no sepan cómo hacerlo.

“Un equipo de alto rendimiento posee las competencias técnicas no técnicas, sabe ‘patear la pelota’, tiene el expertise, también los recursos efectivos para poder llevar a cabo las buenas prácticas; hay una constante orientación al aprendizaje como al desarrollo de la carrera”, continuó.

La especulación inicia entonces a la hora de pensar en otro tipo de factores, como los que señaló la experta de la UCA:

– la motivación del líder y de su equipo
– la tolerancia a la frustración
– la gestión de las emociones
– la capacidad de persuadir
– el espíritu de equipo
– el manejo de expectativas
– la gestión de la adversidad
– el trabajo bajo presión

 

¿Siempre es malo ser segundo?

Las estadísticas marcan que la gestión de Martino no fue del todo negativa: dirigió a la selección argentina en 29 partidos, con un saldo de 19 triunfos, 7 empates y 3 derrotas, según datos de la FIFA. Y en las eliminatorias para la Copa Mundial de Rusia 2018, Argentina está en la tercera posición con once unidades en seis encuentros, producto de tres victorias, dos empates y una caída.
¿Qué es lo que no se le perdona a Martino? Nada menos que ser subcampeón. Bajo su liderazgo, el equipo alcanzó las finales de la Copa América Chile 2015 y de la Copa América Centenario Estados Unidos 2016, y en ambas cayó en la definición por penales contra el mismo equipo.

“Si esto le hubiera ocurrido a Venezuela o a Perú, ¿estarían como la Argentina? La respuesta es ‘no’, claramente, porque todo gira alrededor de los objetivos y las expectativas con las que un equipo enfrenta un desafío”, ejemplificó Gordín.

Es decir, una vez más ese contexto es lo que termina de definir que un segundo puesto sea tomado como negativo. No por nada uno de los nombres que suenan fuerte -al menos entre los hinchas argentinos- para reemplazar al DT al frente de la escuadra albiceleste es del de Diego Simeone.

El “Cholo” fue uno de los nombres más destacados en la historia reciente de la Selección, pero además lo que lo avala es su trayectoria como DT al frente del Atlético de Madrid. Y esto incluso tras haber cometido un “pecado” muy similar al de Martino: perder dos veces la final de la Champions League contra el archirrival del “Atletic”, el Real Madrid.

Las expectativas entonces distinguen cuál es el técnico exitoso que los hinchas quieren para su selección y a cuál le piden la renuncia.

Lo mismo le juega en contra a todo el equipo argentino. Una escuadra con tantos nombres fuertes que no competía en la Copa América con demasiados “pesos pesados” del fútbol, percibió que tenía allanado el camino al triunfo. Sin embargo, los resultados conseguidos por este “dream team” no estuvieron a la altura de lo esperado.

Como contracara, en Islandia todavía están festejando que, en su debut en la Eurocopa, la selección de ese país de sólo 300.000 habitantes haya llegado a los cuartos de final. Las calles de Reykjavik se vieron inundadas de hinchas que se acercaron a vivar por jugadores que consiguieron el resultado menos esperado: eliminar en octavos nada menos que a Inglaterra.

Por el contrario, al equipo argentino se le llegó a pedir que no volvieran a pisar el territorio si no traían la Copa América al hombro. ¿Puedo tener este tipo de presión exitista un impacto negativo?

“Si en un equipo falla la motivación de los jugadores como del director técnico, ya sea por la alta presión acerca de obtener resultados (goles), por el mal manejo de las expectativas como grupo humano, por la mala gestión de los conflictos entre algunos ‘egos’, que impiden el desarrollo armónico de un ‘partido’, por la incapacidad de manejar las emociones tanto propias como ajenas, por la intolerancia con el error y la posibilidad de revertirlo, ¿qué se puede esperar desde el punto de vista de los resultados?”, preguntó Pastor.

“Solo se puede esperar que el equipo como tal, se vaya desarmando, desarticulando, perdiendo foco, sentido de pertenencia, pasión”, sentenció. La tarea que queda por delante entonces, es la de recuperar la moral y la mística.

 

Remontarla

La lección que dejan estos casos es que no siempre no ser el primero implica un fracaso. “Los buenos también pueden fallar”, recordó Clavel.

Una vez entendido eso, para la fundadora de Quarta Dimension, la clave para salir de esa difícil situación es cambiar el foco de las renuncias y las partidas hacia la unión: “Quizás sea momento de comprehender que tropezón no es caída, ni sinónimo de buscar culpables, señalar errores, mucho menos de abandonar el barco. Por el contrario es la oportunidad de aprender grupal e individualmente, de volver a internar y de trasmitir un mensaje alentador reconociendo que juntos siempre se puede más”.

También Pastor puso la mira sobre el aspecto emocional en el que se manejan estas circunstancias: “Podemos cambiar de DT, de líder, de gerente de área, de CEO, pero si no cambiamos la manera en cómo se lidera un equipo de trabajo, cómo se autogestionan las emociones, las frustraciones, los conflictos y las ‘figuritas’, seguiremos sin saber cuál es el rumbo, los valores, cuál es la esencia del verdadero equipo”.

Es decir, el trabajo que queda luego de estos episodios que golpean de lleno en la moral de los equipos es remontar a los miembros tras la derrota que conduce a la renuncia de sus líderes, y volver a delinear el camino hacia el objetivo buscado.

“Me parece que es más difícil motivar a un equipo campeón que a uno que sale segundo. El primero tiene que renovar sus objetivos, sin embargo Argentina sigue teniendo la meta clara de salir campeón”, ejemplificó Gordín.

El titular de Énfasis Motivation Company consideró que no brinda un buen mensaje “castigar al que no es el mejor”. Por el contrario, la tarea de quienes queden al frente será la de potenciar las virtudes y no poner el foco en los defectos o las culpas, lo cual opera como factor de desmotivación.

“Imaginen a un jugador que ya no necesita ni fama ni dinero y que viaja miles de kilómetros para jugar un partido y recibir críticas. Llevémoslo a una empresa: los vendedores salen a la calle a las 6 de la mañana a ganar lugar en las góndolas de los supermercados y no logran los objetivos de venta por un 2% ¿Hacemos un newsletter nombrándolos y diciendo lo fracasados que son? ¿o les agradecemos el esfuerzo y les damos herramientas para que la próxima lleguen a los objetivos?”, cuestionó Gordín.

En el caso de la selección argentina, no hay dudas de que el equipo saldrá a flote, pese al mal sabor que dejó la Copa América y a la desorganización política y administrativa que hoy invade a la AFA.

Ya lo decía Martino a los medios poco después de perder con Chile: “Los jugadores deben seguir adelante porque lo hacen con mucha dignidad. Tienen el orgullo de vestir esta camiseta y a partir de ahí van a sacar ganas”.

Pero los expertos en motivación agregan un condimento más para “remontar” este resultado vivido como negativo. Se trata de un camino que deben marcar tanto en la oficina como en la cancha quienes ejercen el liderazgo.

“Creo que Martino se fue por otras razones, no por la Copa América, el fútbol argentino no tiene rumbo y sin rumbo, sin una misión clara, sin visión y sin valores, es imposible que llegue muy lejos. Ninguna empresa ni equipo pueden funcionar de este modo”, opinó al respecto el titular de Enfasis Motivation Company.

 

Fuente: IProfesional

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