Animarse al salto

Recetas para lanzarse a tomar una decisión que implique salir de la zona de confort.

Estar cómodo frente al riesgo implica cambiar la actitud. Si bien algunas personas tienen alta tolerancia al riesgo, otros necesitan armarse de coraje. Pero los líderes no pueden quedarse en su zona de confort. “El miedo es natural y no es malo que exista, porque puede ser el motor detrás de una acción de mayor análisis, cautela y reflexión. Sin embargo, hay que tener la capacidad de detectarlo y visualizar qué hacer con esa sensación, para encontrar los recursos internos y externos para hacerle frente”, advierte Sofía Scagliotti, de la consultora Valuar. Para que no se convierta en un impedimento a la hora de crecer, hay algunas recetas a aplicar.

– Imaginar el peor escenario. Se puede perder el miedo si uno está dispuesto a pensar sobre él y qué es lo que puede suceder en el peor de los casos. “Hay que preguntarse cuál sería la peor situación porque quizá no es tan grave, pero sí angustia u opaca a la hora de arriesgarse”, explica Adriana Canga, directora de AGC Consultora. Marcelo Gordín, director de Énfasis Motivation Company, propone pensar una estrategia de salida, “el ‘qué pasa si no funciona’”. “Uno de los principales riesgos es no darse cuenta de los riesgos”, sostiene Gustavo Gallo, socio de Gallo & Asociados.

– Desarrollar un portfolio de opciones. Si uno apuesta sólo sobre una posibilidad, debería preocuparse. “La previsión reduce el riesgo, porque uno trabaja anticipándose a las posibles consecuencias. La planificación reduce 60% el riesgo”, asegura Néstor Gutman, consultor en Performance Improvement, coach y músico.

Tener el coraje de no saber. El riesgo tiene un componente psicológico y se necesita tolerancia a la ambigüedad. Avanzar requiere accionar antes de tener una imagen clara de todos los factores. “Hay que saber pedir ayuda y encontrar la persona correcta para eso, con idoneidad y disponibilidad”, añade Cristina Schwandel, cofundadora de la Universidad Siglo 21.

– No es lo mismo arriesgarse que apostar. No hay que saltar sin una red de contención. “El riesgo sano es el que toma una persona que, habiendo medido la situación y los posibles resultados, conoce los recursos para lidiar con los ajustes”, explica Canga. “No es lo mismo el kamikaze que quien sabe que algo implica un riesgo pero analiza las consecuencias. Se convierte en un riesgo controlado”, diferencia Gutman.

– Sacar la vista de la meta final. Abrazar el riesgo puede ser intimidante si solo se enfoca en el resultado, por eso conviene dividirlo en pasos pequeños. “Hay que tener una meta al final del camino, pero transformándola en mini-objetivos o escalones, que dan sensación de cumplimiento, confianza y seguridad. Hay que trabajar sobre las pequeñas acciones”, añade Canga.

– A veces, hay que conformarse con que las cosas no sean perfectas. Para abrazar el riesgo, hay que tener el coraje de tomar decisiones con información imperfecta. “En la cultura argentina es muy fuerte el miedo al fracaso. Pero el que algo salga mal no es fracasar, porque el error es parte de la construcción. Nadie puede controlar todo y el ajuste está relacionado con la ejecución de la idea”, dice Canga. “Más allá del entusiasmo, la idea nueva tiene que tener afinidad con la experiencia, porque da seguridad personal”, aporta Daniel Kumert, consultor senior de Lee Hecht Harrison | DBM. F.R.

Fuente: El Cronista Comercial

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